viernes, 22 de junio de 2012

Marineros sin tierra

Marinero sin tierra
náufrago sin velamen
huérfano de puerto
nave sin timón.
Rodeado de agua y sediento
rodeado de pescado y hambriento
rodeado de olas y sin saludos
rodeado de dólares y desnudo.


Gloria Fuertes


Isabel Coixet, La vida secreta de las palabras



Una persona es
un barco que camina
bajo las enramadas
del otoño oscuro,
entre cobijos llenos o vacíos.
Principio de un final
aún no prescrito.
El medio
que no debemos pisar.


Una persona es un viajero
que siempre llega tarde
al próximo enlace,
corra o no corra, se duerme
en el pasaje,
se pasa
de parada.
Confunde números, señales, postas.
Le devoran manadas

en trance
de esperar.

Grita de dolor:
A ti, que sabes
el sentido de este viaje.
Si llego con retraso, no,
por favor. No me mates.


Una persona es un ser que debe todo
lo que no tiene, migrante,
cuida
las vidas de otros
como a sus amantes.
Desvive por mandar un ramo
de euros regados con sudor
de esas mañanas-cuestas, lluviosas,
indiferentes, nórdicas, sube,
hasta entrar a empujones
en el bus sin tiempo
de mirarse el alma y acordarse
qué ojos
miraban su rostro
desde adentro.


Una persona es una muchacha
de juventud indefinible.
Rasgos trazados por su afecto.
Se acerca a un joven, de frente
ancha. Después de dar un salto,
lo abraza, como si gritara:
A ti. Ya son
dos personas.
Se retiran sin romper el fondo.
Caminan por el otoño abierto.
Nos regalan un retazo de vida
y que aprendamos a saltar
las colas, el tiempo, hacia tus ojos.

Una persona es un ser que vive
y siempre vivirá en relación contigo,
tierra, ojos.


Un barco arrastrado
por los vientos.


Canaán




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