miércoles, 3 de abril de 2013

Primer exilio Español


Indice:

1. El exilio en la historia de España
2. Concepto y etimología de exilio
3. El exilio en los siglos XVIII y XIX: repercusiones literarias
       3.1. La Guerra de Sucesión
       3.2. La expulsión de los jesuitas
       3.3. Guerra de la Independencia y exilios liberales
              3.3.1. Refugiados de guerra
                  3.3.2. El exilio de los afrancesados
                  3.3.3. El exilio liberal de 1814
                  3.3.4. El exilio absolutista de 1820

4. Configuración del exilio como arma política y generador expresivo

1. El exilio en la historia de España
El fenómeno del exilio se ha repetido casi sin excepciones en todos los periodos de la historia de España, en la que diferentes grupos sociales y políticos se han visto afectados por él.
La expulsión de los judíos en 1492, que culminó una serie de decisiones discriminatorias anteriores, supuso el primer gran éxodo de la historia de España, en la que, de todos modos, el fenómeno del exilio estaba ya plenamente configurado, como lo demuestra la existencia incluso de un modelo literario en elPoema de Mío Cid. La diáspora, unida al fin de la Reconquista, a la consiguiente pérdida de territorios musulmanes en la península y a la unión de los reinos de Castilla y Aragón por la relación matrimonial de sus reyes, provocó la consolidación de la unidad del país y de la constitución del Estado moderno español. Se vieron obligados a abandonar el país un total de 165.000 individuos, burgueses en la mayoría de los casos, que hubieron de dispersarse por Europa. Para poder explicar la forzosa marcha de la población judía se ha de tener en cuenta que el incipiente concepto de nacionalidad española se basaba en la época en la identificación entre la unidad política y la unidad religiosa. El nacimiento del Estado español se sustentó en el catolicismo, como queda demostrado con el sobrenombre de “Reyes Católicos” con el que han pasado a la historia los monarcas Fernando de Aragón e Isabel de Castilla. El hecho de que la configuración nacional se construyese sobre la base del exilio provocó, que la expulsión “del otro” se convirtiera en constante de la historia de España.

Esta identificación no sólo provocaría el desarrollo de lo que se ha denominado “mentalidad inquisitorial” –que, implicaría el castigo de todo aquel considerado diferente-, sino también la progresiva eliminación de las minorías religiosas. Durante el siglo XVI, y en el contexto de la reforma protestante, los mecanismos de expulsión y exterminio de todo tipo de disidencia católica afectaron a todos aquellos acusados de desviaciones heterodoxas. 

Alrededor de 300.000 moriscos abandonaron el país durante la primera mitad del siglo XVII. El norte de África fue el principal destino para una masa social de carácter eminentemente obrero y rural cuya marcha, unida a la de los judíos un siglo antes, trastocó gravemente las capas sociales productivas y generadoras de riqueza.
Exceptuando el exilio masivo que trajo consigo el final de la Guerra Civil, que afectó a más de medio millón de personas y se convirtió en la diáspora de mayor importancia cuantitativa de la historia del país, los más notables desplazamientos forzosos de población de la historia del país tuvieron lugar en los siglos XVIII y, sobre todo, XIX, un periodo “marcado por una serie ininterrumpida de guerras civiles, pronunciamientos y conspiraciones que determinarían sucesivas oleadas de exiliados españoles” que afectarían a diversos grupos políticos e ideológicos. De todos modos, y a pesar de que sus gigantescas dimensiones han oscurecido otros desplazamientos de población y han provocado la asociación del término “exilio” a la huida masiva de simpatizantes del gobierno legítimo durante y después de la contienda que asoló España entre 1936 y 1939, el éxodo republicano no fue el único que se produjo durante el siglo XX. Así, durante la dictadura de Primo de Rivera, el destierro fue utilizado como elemento disuasorio del enfrentamiento político, como ejemplifica el caso de Miguel Unamuno, confinado durante varios años a la isla canaria de Fuerteventura.

2. Concepto y etimología de exilio
A pesar de esta constante presencia histórica, el uso del término “exilio”, así como de su derivado “exiliado”, es de muy raro uso en español hasta 1939 fecha que comenzó la guerra civil Española. 
“Destierro” es el término más usado para designar la pena de expulsión, siendo registrada su utilización en 1216 documentos del Corpus Diacrónico del Español (CORDE) de la Real Academia Española de la Lengua (RAE), casi diez veces más de los que contienen “exilio”. La adquisición de la conciencia nacional gracias a las ideas románticas de principios del siglo XIX provocó la generalización de la palabra “expatriación” para referirse al castigo, que siguió utilizándose como elemento disuasorio del enfrentamiento político hasta la finalización, en 1930, de la dictadura del general Primo de Rivera.

La estabilidad política que dio al país el periodo de la Restauración (1875-1885), auspiciado por Cánovas del Castillo y refrendado por el monarca Alfonso XII, y la gran corriente migratoria a América provocaron el paulatino desplazamiento semántico de “emigración” –y de todos sus derivados-, cuyo significado perdió el contenido político para pasar a referirse a un fenómeno eminentemente económico.
Sólo a partir de la contienda bélica iniciada en 1936 se consolidó el uso del término “exiliado” –que hasta entonces sólo se aplicaba, de forma muy limitada, a aquellos que sufrían penas de destierro-, limitando ya definitivamente el uso de “emigrado” a aquellos casos en que la salida del país se produce por causas voluntarias, relacionadas con el deseo de medrar o, frecuentemente, la necesidad de subsistir.

3. El exilio en los siglos XVIII y XIX: repercusiones literarias
Al igual que ocurrió en el resto del mundo occidental, los siglos XVIII y XIX supusieron el periodo en el que el exilio se configuró definitivamente como arma política al servicio del poder. Desde los inicios del periodo dieciochesco hasta el final del reinado de Fernando VII, límite temporal de estudio de este artículo, el exilio afectó a prácticamente todos los grupos de población de la sociedad española, siendo muy destacado el número de intelectuales y artistas que hubieron de sufrirlo.

3.1. La Guerra de Sucesión
Los inicios del siglo XVIII en España, de hecho, estuvieron marcados por el conflicto, y el consiguiente exilio, que supuso la Guerra de Sucesión, cuya existencia demuestra la imposibilidad de prescindir del binomio de las “dos Españas” para comprender la historia y la evolución del país

El enfrentamiento irreconciliable entre los partidarios del archiduque Carlos y de Felipe de Anjou, que tras la victoria de su ejército terminaría reinando como Felipe V, no hace sino poner de manifiesto la imposibilidad de acuerdo entre las diversas formas de interpretar la situación del país y gestionarla, convertida con el tiempo en constante del desarrollo del país. El odio que los partidarios de los dos pretendientes al trono llegaron a sentir por toda idea de España diferente a la suya motivó la imposibilidad de convivencia una vez terminado el conflicto,  con lo que resultaba inaceptable que partidarios de quien era considerado defensor del mal fuesen incluidos en el proyecto colectivo nacional liderado por su acérrimo enemigo. De ahí que, al terminar la guerra en 1715, seguidores del archiduque Carlos –procedentes de Aragón, Cataluña y Levante casi todos- abandonasen el país. De entre todos ellos destacó la figura de Antonio Folch y Cardona, arzobispo de Valencia que hubo de instalarse en Valencia y que fue nombrado consejero áulico y presidente del Consejo de España e Italia, es decir, presidente del gobierno español en el exilio. Su designación supone, por tanto, el precedente de lo que había de suceder más tarde: el mantenimiento de las instituciones republicanas en el destierro tras una guerra civil y la consiguiente expatriación del partido derrotado.

3.2. La expulsión de los jesuitas
Las tensiones político-religiosas provocaron la expulsión, en la segunda mitad del siglo XVIII, de la orden de los jesuitas, acusados de servir a la curia romana en detrimento de las prerrogativas regias, de fomentar las doctrinas probabilísticas y de ser causantes, fomentando actos de protesta como el motín de Esquilache, de la inestabilidad social del país. La orden de expulsión fue dictada por Carlos III en 1767 y permaneció vigente hasta 1814, aunque algunos pudieron acogerse a diversas medidas de gracia durante el reinado de Carlos IV para regresar antes.
De poca importancia cuantitativa –afectó a poco más de 4.000 personas-, el éxodo estuvo revestido de peculiares características. Evidentemente, sólo afectó a hombres solteros y fue además similar al producido en la misma época en otros países como Portugal o Francia. Los afectados recibieron un subsidio estatal –que, aunque precario, suponía una medida absolutamente excepcional en la historia de los exilios en España- y su recibimiento en los territorios de acogida –los Estados Pontificios en casi todos los casos- fue muy cálido. Consecuentemente, la adaptación a sus nuevos lugares de residencia estuvo marcada por su rapidez y su ausencia de problemas, como demuestra el hecho de que algunos jesuitas como Manuel Lassala, Juan Francisco Masdeu o Juan Bautista Colomes escribieron diversas obras literarias en el exilio en la lengua del país que les había albergado. No aparecen en ellas, además, tópicos universales de la literatura del exilio como el desarraigo, la nostalgia o la imposibilidad de afrontar el presente en sus nuevas residencias sin pensar de forma constante y obsesiva en el pasado perdido, manifestados en las obras de los exiliados desde el fundacional caso de Ovidio, primer autor para el que el destierro se convirtió en germen expresivo y la literatura en catalizadora de la tristeza inherente a su alejamiento del hogar.
Caracterizado por su elevado nivel intelectual, del colectivo jesuita expulsado del país destacaron las personalidades del Padre Isla y de Pedro de Montengón.

3.3. Guerra de la Independencia y exilios liberales
A partir de 1808, diversos sectores de la población española intentaron, en plena Guerra de la Independencia contra el ejército napoleónico, derribar las bases sobre las que se sustentaba el Antiguo Régimen para constituir un proyecto liberal.

3.3.1. Refugiados de guerra
El primero de los grandes desplazamientos forzosos de población producidos entre 1808 y 1833 se produjo como consecuencia de la resistencia armada contra la ocupación francesa. Aunque tradicionalmente se había aceptado que el número de españoles que abandonaron el país huyendo de la contienda y de las miserables condiciones vitales que ésta generó había sido superior a 100.000, las investigaciones de Jean-René Aymes han cifrado en 65.000 el total de personas afectadas por el exilio. La mayoría de ellos fueron prisioneros de guerra a los que se obligaba a abandonar España acompañados de sus familias para ser confinados en Francia.

3.3.2. El exilio de los afrancesados
El final de la guerra y la marcha de José I no sólo propiciaron la vuelta a España de la mayoría de los deportados, sino que fueron la causa del segundo gran movimiento migratorio del siglo, cuyos principales afectados fueron los sectores de población que colaboraron activamente en la gestión del reinado –dentro de los que destacaba un gran número de militares “juramentados” que, al servicio del nuevo rey, lucharon contra sus propios compatriotas- o que simplemente mostraron su adhesión al nuevo proyecto gubernamental. Denominados “afrancesados”, los partidarios del hermano de Napoleón fueron declarados traidores por las Cortes Constituyentes de Cádiz de 1812 y condenados por un decreto aprobado en mayo de 1814, que establecía la pena de destierro para quienes hubieran ocupado cargos públicos y la de alejamiento de veinte leguas de Madrid en régimen de libertad vigilada e inhabilitación para los simpatizantes. A la represión legal se sumó la presión de la ciudadanía, incapaz de convivir con aquellos que habían colaborado con el enemigo invasor contra el que el pueblo se levantó en armas en 1808. Así, alrededor de 12.000 españoles hubieron de dejar el país. De nuevo, Francia fue el destino elegido por la mayoría de quienes se exiliaron.

3.3.3. El exilio liberal de 1814
A pesar de su activa participación en defensa de la independencia española en la guerra contra Francia y del patriotismo exhibido durante los procesos conducentes a la redacción de la Constitución de Cádiz, los liberales fueron perseguidos por Fernando VII desde el momento en que regresó a España y tomó el poder de forma autoritaria y absoluta. A las penas de destierro y de prisión dictadas por el monarca para castigar a los liberales –cuyo proceso penal fue complicado y extraño, al no existir figuras que pudiesen decretar su culpabilidad, determinada por la voluntad regia y no por la comisión de un delito- se sumó la voluntad de todos aquellos que decidieron abandonar el país, frustrados por la imposibilidad de llevar a cabo las reformas iniciadas en 1812 y por la regresión efectuada por el rey. Alrededor de 15.000 liberales dejaron España, siendo América, Londres, los departamentos del sur de Francia y París los principales centros de acogida. Se produjo así la paradoja de que afrancesados y liberales, enfrentados durante la Guerra de la Independencia, se vieron obligados a convivir en el exilio galo, convertidos ambos en enemigos de Fernando VII.

3.3.4. El exilio absolutista de 1820
La restauración del régimen liberal de 1820, por la que se obligó a Fernando VII a acatar la Constitución de 1812, propició la vuelta al país de la mayoría de los exiliados liberales y afrancesados. Mientras que los primeros fueron tratados en su regreso como héroes, los segundos pudieron volver al acogerse a la amnistía que trajo consigo la revolución de 1820. El fin de su exilio coincidió con el comienzo del de un pequeño grupo de absolutistas. Tanto los más comprometidos políticamente como aquéllos que no desearon vivir en el nuevo clima político abandonaron el país entre 1820 y 1823, poniendo de manifiesto la imposibilidad de las dos facciones ideológicas y políticas del país de convivir sin problemas. La escasa importancia de este desplazamiento forzoso de población no sólo se explica por su brevedad, sino también por el hecho de que muchos partidarios del absolutismo prefirieron quedarse en España y acompañar así a Fernando VII.

3.3.5. El exilio liberal de 1823
Además de provocar la restauración absolutista, la irrupción del ejército de los Cien Mil Hijos de San Luis en España fue el germen de la segunda emigración liberal del siglo, que se extendió durante los diez años de “Década ominosa” en la que Fernando VII gobernó de forma autoritaria y profundamente represiva.
El reiterado carácter de víctimas y potenciales exiliados de los liberales durante los primeros años del siglo XIX forjó la asociación entre el binomio “emigrado” –nombre usual para referirse a quienes sufrían el exilio en la época- y “liberal”. A pesar de que la inestabilidad política del siglo XIX obligó a todas las ideologías y formas de pensar existentes en España a sufrir la experiencia del exilio, desde que los partidarios liberales hubieron de huir de España ante el regreso de Fernando VII en 1814, el término quedó irremediablemente marcado por su connotación liberal. 

4. Configuración del exilio como arma política y generador expresivo
Durante el periodo analizado en este artículo (1700-1833), la importancia del exilio viene dada, más que por su innegable importancia cuantitativa, por sus aspectos cualitativos. Por primera vez en la historia de España, intelectuales y artistas se convirtieron en víctimas habituales, por lo que un recorrido a la historia de los exilios de los siglos XVIII y XIX puede ser de utilidad no sólo para comprobar el ascenso a la esfera pública de los escritores sino también para observar cómo afecta su alejamiento forzoso a sus creaciones, pues en muchas ocasiones su situación personal se convirtió en tema recurrente e incluso en germen expresivo, convirtiendo a la literatura en catalizador de sus penurias.
para autores que hubieron de dejar el país en alguno de los múltiples desplazamientos de población producidos entre 1700 y 1833- las repercusiones del exilio presentan una naturaleza dual, pues además de afectar al desarrollo de su propia existencia modifican los parámetros de su creación. Sus obras no podrían entenderse en su totalidad, por tanto, sin tener en cuenta la experiencia histórica personal que condiciona su gestación, dotada de alcance intercultural, por lo que el estudio comparativo de la rica tradición conformada por estos escritores a lo largo de la historia ha de ser, por tanto, uno de los retos que la crítica literaria se proponga afrontar los años venideros.

Aquí tenéis un documental de dos partes donde explican el exilio español:

Si quieren mas información la podran encontrar en los siguientes enlaces donde tambien estan el enlace del video y mas.

13 comentarios:

  1. Buena, pero pon el índice un poco mas grande (consejo).

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  2. Tienes que citar las fuentes utilizadas. Además, el tema debería completarse con una explicación del exilio republicano, primero en 1874 y luego en 1939.

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  3. ¿En qué afecto a los sectores de la sociedad española el fenómeno del exilio ?

    Raquel de Padua 4ºB

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    1. Se afectaron a muchos sectores y algunos de mayor importancia por ejemplo el intelectual fue muy magullado por decirlo de alguna manera por que se fueron los jesuitas que se caracterizaban por serla mayoria de ellos inteligentes el economico cerca de 1 millon de personas alfinal fueron exiliados entonces son menos salarios menos dinero para el pais como los judios que ganaban mucho dinero el social perdimos amigos y ganamos enemigos por culpa de aquellas persecuciones contra por ejemplo los moriscos judios afrancesados jesuitas etc. En definitiva en ese tiempo fuimos decayendo en nuestra economia politico social y economica por culpa de las expulsiones que se llevaron a cabo durante los siglos XVIII y XIX.

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    1. Emigraron la mayoria a Francia y a Mexico pero hubo otros lugares como el norte de Africa o America del norte

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  5. ¿Por qué razón la sociedad española tuvo que emigrar a otros países?
    Marysabel

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    1. La sociedad española tuvo que emigrar a causas de la economia que fue decayendo con el paso del tiempo por culpa de expulsar a muchos intelectuales y a muchas personas que ganaban bastante dinero

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  6. ¿Qué causas se dieron para que tuvieran que exiliarse?
    Esteban

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    1. La mayoria fueron por que los estaban persiguiendo como tambien pasó en la guerra civil que veremos un poco mas a delante pero tambien se fueron algunos por ellos mismos ya que como he dicho anteriormente la palabra exilio despues se convirtio en emigfracion que podia ser tambien tanto por causas sociales politicas religiosas o economicas

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  7. ¿porque Francia fue el destino elegido por la mayoría de quienes se exiliaron ?

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    1. Francia fue el lugar donde la mayoria de los exiliados serefugiaron por que era un pais con una gran potencia economica en ese momento

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